100. La Piedad. Pepe Dámaso

A LA PIEDAD DEL PINTOR ANTONIO PADRÓN.

Pepe Dámaso

Para Chano López.

Doble piedad sin llanto del que expira cuando el final que llega 

mientras aquel que mira absorto y en silencio 

contempla y recompone el gesto que diseña el dolor de cielo negro, 

entre azul y ocre, apenas esbozado en la superficie dolorida del lienzo. 

¿Qué color, qué desgarro, qué oscura pincelada?

¿Qué grito expandido perfora la sombra? 

¿Qué temblor rompe el marco acumulando el misterio y la ternura? 

Riega el sudor de lo no roto la palidez que brotara un día 

dibujada en su rostro entristecido. 

¿Impotencia quizás de no poder dar fin a aquello que sucumbe

al llegar la muerte de improviso? 

¿Es acaso esa luz fría la que perdura entre colores? 

¿Qué expresión racial nos habla compuestos para no nacer aún 

y reflejarse en el espejo inútil, en el vacío de lo allí pintado?

Con nuestra mirada distanciada soportamos ese final terrible

de saber que la imagen material y dolorida

apenas es carne del hijo que han dejado de ser solos en la tela.

Solos ante el marco imposible que dibuja y perfila

una cruz ausente y presentida que se pierde en el blanco, 

en el pie que aguarda su andadura, 

que se difumina en la huella transparente de futuro. 

Estremecidos, apreciamos aquello que nos queda, 

lo que trasciende de la vida inacabada de lo bello.

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