105. Piedad. Perla Sofía

LA MAGUA

Perla Sofía González Marinel-lo

            

Hace un año visité la Casa Museo Antonio Padrón en Gáldar, Gran Canaria. 

            César, su director, me fue llevando por los salones en los que se exponía la obra de este pintor, a través de sus diferentes etapas. El momento preciso para este re-conocimiento había sido determinado por el Universo.  Los pocos pero intensos años vividos por mí, cubana, en esta isla y el posterior alejamiento físico durante más de una década, fueron definitorios para mi conexión inmediata con los más mínimos detalles de lo que Antonio quiso expresar. Según avanzaba de escena en escena, algo de magia onírica hablaba a través de su boca y de todos mis sentidos. 

            La culminación de ese sentimiento me tambaleó al entrar en el estudio de Antonio Padrón. El me esperaba ahí, rodeado de sus pinceles e instrumentos para hacer arte. Frente a su caballete donde esa obra inconclusa gritaba alternativas, sentí una gran necesidad de hacer… el me lo estaba susurrando al oído. 

            Como respondiendo a mi expectativa, escucho la voz de mi guía, describiendo aquella obra que no pudo terminar, su fuerte connotación simbólica, su dramatismo. Casi como una nota al margen me comenta: después de terminarla, Antonio pensaba pintar La Magua. 

            Y de pronto ese sentimiento visceral, que indudablemente está en mi ADN y en el de todos los que hemos sido emigrantes, me tambalea; como si su presencia me guiñara un ojo, como si esta otra Magua (nostalgia, tristeza, saudade…) atemporal y eterna, reflejara en su obra el sentimiento de aquellos que, tiempo atrás, emigraron a Cuba; junto al de estos nuevos emigrantes que saliendo de  su isla, volvimos a la de los abuelos. Isleños siempre. Tristes y alegres, recios y sensibles, entonces y ahora.

            Otras Maguas actuales me han ido transcurriendo, pero algún día, en el momento preciso, en el lugar previamente dispuesto por el Universo, seguiré tu deseo, querido Antonio, y expresaré esa Magua tuya, nuestra, de mi mar a tu mar, de tu lienzo magnifico a mis pobres garabatos de amor.

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