108. Figuras y mariposas. Martina Bolaños

FIGURAS Y MARIPOSAS

Martina Bolaños

Durante nueve meses fui una mujer muy feliz. Esperé pacientemente tu llegada. Imaginaba cómo sería tu rostro, que se me antojaba parecido al mío. De tez morena y pelo negro, ojos almendrados, brillantes e inciertos; manitas y pies pequeños, aún más pequeños. ¡Cómo anhelaba tenerte entre mis brazos para poder llenarme de tu aroma a talco y a mañana limpia! ¡Cuánto deseaba oír tu llanto, tu risa y tus primeras palabras! 

            Llegó el día, gris y frío, anunciando tu llegada. Ni tan siquiera el ocre del campo y el olor a tierra mojada me calmaron. Mi pecho respiraba aceleradamente luchando por respirar al compás de tus latidos, al compás de tus empujes. Te recibí descalza con la idea de afianzar mi cuerpo a la tierra, de unirte a mí, pero las mariposas me decían lo contrario. Te ibas de mi lado.   

            Llegabas para calmar su ausencia. Un niño que sustituiría al hombre que partió de mi lado dejando dentro de mí el fruto de su amor. Ahora solo cuento con mi corazón, con su recuerdo, con el vacío que deja tu cuerpo diminuto dentro de mi útero y con el dolor de haber dado a luz un cuerpo bello e inerte. 

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