11. Autorretrato. Esther Vega Castro

EN LA VENTANA DE ANTONIO PADRÓN

Esther Vega Castro

La ventana denota apertura hacia el exterior, en Antonio Padrón, además, hace referencia a su mundo interior, que él proyecta utilizando metáforas y símbolos, expresado a través de sus cuadros.

Desde tu ventana observabas tu mundo,

contemplando las  escenas cotidianas, teñidas  

de las costumbres de tu gente, los niños jugando con las cometas, las mujeres secando las jareas, o echando las cartas… Las caras se agrietan con el sol y las transformas en máscaras para que no olvidemos…

Las tierras, resecas y áridas.

Los labradores intentando penetrar en las entrañas estériles, y sacar las escasas cosechas.

El paisaje inédito, lugares nuestros, donde las palmeras adornan los desiertos. Las montañas a lo lejos detienen los vientos, los volcanes duermen y las islas perdidas… donde la arena y el mar acarician los silencios, y las tardes languidecen al sol.

 Llegaba la noche cubriendo los campos, solitarios, las nubes danzaban enloquecidas por el viento que soplaba imparable, haciendo que pareciesen gasas temblorosas arrastradas hacia ningún lugar en el  tiempo.

Y tu estas ahí Antonio,

asomado en tu ventana pero, no eres solo un  espectador.

Desde ese silencio vas atrapando y tejiendo los instantes de tu gente, de tu tierra, mostrándola en una  paleta de colores sorprendentes, dejándonos el testimonio y la esencia de nuestras raíces,  de los sueños, las costumbres,  los rituales…

Veías los paisajes en ese continuo movimiento, y cómo la naturaleza se reinventa a través de los ciclos, los elementos; el agua, la tierra, el aire, el fuego… modifican el desconcierto, retrocediendo, avanzando…

¡Qué grandiosa tu lluvia!, ese ritual que implora las lágrimas del cielo como una bendición tan necesaria para estas tierras áridas, en un gesto de oración que nos acompaña siempre.

¿Y cómo no?  

La madre ausente, las mujeres, todas ellas asomando a tu ventana desde tu interior.  Lleno de añoranza, duelo eterno, el desconocimiento de tu dolor, nos duele.

Y sin tú saberlo, o quizás sabiéndolo…  lo proyectabas al exterior, ese niño enfermo…

También nos abriste las puertas del futuro, fuiste más allá de tu tiempo como un hechicero, como un mago que nos transporta hacia delante mostrándonos las nuevas sendas de la modernidad, ese cuadro tuyo “En la exposición”, es todo un homenaje al porvenir, la metamorfosis de una sociedad que se va abriendo a lo nuevo, con reservas pero observando, y poco a poco incorporando los nuevos escenarios.

Antonio, siempre enamorado de la belleza con un halo de misterio, un día sin decir adiós… en silencio  desplegaste tus alas como una de tus mariposas en busca de otro lugar.

Y entonces, los ojos, esos ojos que tu pintabas me recuerdan a otro poeta, a Cesare Pavese cuando decía en su poema “y vendrá la muerte y tendrá tus ojos…. y para entonces será una palabra inútil”.

Solo que en ti… ¡Antonio! nada es inútil…todo permanece y  siempre consigues que nos envuelva   la más sublime emoción.  

Para Antonio, mi maestro.Aunque nuestros tiempos no llegaron a coincidir, él junto con mi madre me abrieron las puertas que me han llevado a lo que soy. 

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