110-Postal navideña. Michel Jorge Millares

LOS BUENOS DESEOS DE ANTONIO PADRÓN

Michel Jorge Millares

            Hoy día, envías y recibes cientos de ‘memes’ y frases de buenos deseos durante las Navidades. Como todo el año, pero multiplicado. Sublimado. El correo postal ya solo lo utilizan en las Navidades los grandes almacenes, alguna entidad de la que eres socio y algún despistado o nostálgico como el poeta Francisco Tarajano, hasta que ya no recibimos su entrega con versos en la Navidad de 2018. Pero, hace 50 ó 60 años, en Gran Canaria pocos podían enviar postales y no todo el mundo sabía leer ni escribir. Y, entonces, algunos artistas enviaban postales autógrafas con dibujos sencillos pero más emotivos que sus obras de mayor formato. Mi madre, Jane, fue una de las personas que elaboró decenas de tarjetas. Todas diferentes. Y recibió de otros artistas las pequeñas obras de arte que vi colocadas junto al árbol o el objeto que lo sustituía cuando no existían los árboles sintéticos.

            El ritual del árbol unía varias cosas. La ilusión por los regalos, los buenos deseos en vistosas u originales postales y el reencuentro emocionante con las bolas y figuras, tras un año sin contemplar aquellas delicadas obras de arte que se conservaban cuidadosamente una vez recuperábamos la normalidad del nuevo año. Y también guardamos las postales recibidas de Antonio Padrón en dos navidades, documentos que forman parte de la memoria familiar. De la historia personal, íntima, la que nos unía a figuras de relevancia artística a través de sus creaciones más personales, las que permiten conocer un poco mejor la personalidad de éstos.


            El artista compartió amistad y exposiciones con Jane, Manolo y Alberto Manrique. Durante años fue amigo y colaborador del movimiento Indigenista, ese grupo artístico que creó una conciencia e interés por la cultura popular de Gran Canaria justo en el momento de su conversión en souvenir al aparecer el turismo de masas y la modernidad. Son tantos los aspectos que se van descubriendo y analizando sobre estos artistas que es hora de actualizar el conocimiento de un referente artístico en las islas tras 50 años de existencia de la Casa Museo Antonio Padrón (1971).

            En medio de esta pandemia, además, se cumple el centenario del nacimiento del artista Antonio Padrón, una situación que ha confinado el reconocimiento merecido y necesario a nuestro gran pintor del mundo agrícola isleño. Gran Canaria está en deuda con este artista cuya Casa Museo se ha erigido en un bastión para el análisis y divulgación del movimiento Indigenista Canario, pero queda pendiente una revisión y difusión de su obra completa, en el entorno insular y en el exterior.

            Pero Antonio Padrón Rodríguez (Gáldar 1920-1968) nos dejó tras su prematura muerte el legado de su genialidad, de una originalidad impactante, con una obra que retrata a la sociedad y nos describe visualmente el mundo campesino isleño, una crónica inquietante y serena a través de figuras y modelos que recogen una demostración del indigenismo que permaneció arraigado y se adaptó al paso del tiempo mediante el uso de los recursos para subsistir en las islas durante los difíciles años que transcurrieron entre las guerras mundiales, las crisis económicas y la dictadura. Una realidad que difiere poco de lo que disponían los antiguos pobladores de la isla.

            Y Antonio Padrón hizo de esta realidad un viaje que nos une al pueblo prehistórico, descubierto cuando en Europa florecía el Renacimiento. Ocultado y sepultado por los colonizadores, motivo por el que se mantuvo la nostalgia y el mito. Pero es en el siglo XX cuando Padrón y los/as indigenistas intentan conocer y rescatar la vida de los antiguos canarios a través de las actividades heredadas del pasado. Es el movimiento artístico promovido por la Escuela Luján Pérez el que da visibilidad a un sentimiento iniciado en el Romanticismo, junto a una reflexión (nunca cerrada) sobre los elementos de la identidad isleña.

            Pero de lo que quiero hablar es de las relaciones entre Antonio Padrón y Jane Millares Sall, dos artistas con curiosas coincidencias en su vida y en el arte. Ambos nacen en la misma década, con ocho años de diferencia, pero con acontecimientos en su infancia que marcarán su trayectoria. En el caso de Antonio, a los 9 años pierde al padre y seguidamente a su madre. A los 16 ve el comienzo de los horrores de la Guerra Civil. Ambos nacieron en séptimo lugar, con aquellas familias numerosas de comienzos del siglo pasado. Jane a los 8 ve cómo se desmorona su infancia por la guerra y la persecución que se originó contra su familia, y a los 16 años se casa con Luis Jorge Ramírez.

            Padrón y Jane no fueron alumnos de la Escuela de Artes Decorativas Luján Pérez, pero conocieron y tuvieron relación con sus profesores Nicolás Massieu, Juan Carló y Felo Monzón. De hecho, Antonio Padrón realizó la carrera en San Fernando (Madrid), mientras Jane Millares y sus hermanos Manolo y Eduardo fueron autodidactas en las artes visuales.

            A pesar de esa distancia y recorridos, hay numerosas referencias y paralelismos en la obra indigenista de ambos, en la temática y en la expresión gráfica que podría (debería) dar lugar a un estudio crítico sobre los diferentes recorridos del Indigenismo Canario. Son de destacar sus preferencias por la representación geométrica de las formas humanas, su preferencia por el papel de la mujer, la infancia, los trabajos cotidianos y, sobre todo, las referencias al pasado aborigen. Las pintaderas, las cuevas y la vida troglodita: gánigos, ídolos, tibicenas, petroglifos… La flora, la fauna, los rostros angustiados, los paisajes y símbolos geológicos, el retrato, los oficios, las maternidades y la enfermedad de los niños, la muerte… Los besos, en pequeños bocetos para una época en la que toda demostración de afecto era perseguida o censurada.

            Ambos recorren el Indigenismo Figurativo y la Abstracción, así como  expusieron en el Museo Canario (por separado) a comienzos de los años 50. Y ambos también fueron premiados por la Bienal Regional de Arte del Gabinete Literario de Las Palmas, en la modalidad de obra y de conjunto.

            La música también fue una referencia para ambos. Antonio Padrón vivió el ambiente folclórico popular y llegó a componer varias canciones como ‘La Magua’ y ‘Canario del Monte’, así como dejó textos que serían convertidos en canciones como ‘La Barca’. Jane comenzó a estudiar canto con Lola de la Torre, y compartió el ambiente musical que reinó en su familia vinculada con la música y que complementaría la excelencia de su madre Dolores Sall como pianista, influencias que se plasmarían en las composiciones de José María (De Belingo, Campanas de Vegueta) o la labor desarrollada por Totoyo con el timple y la creación de Los Gofiones, sin olvidar la carrera como violinista de su hermana Yeya.

            La influencia de Antonio Padrón ha permanecido gracias a la voluntad de su familia y algunos seguidores, como el caso de Paco Bolaños Díaz, quien ha convertido su admiración por Padrón en una vocación de madurez en la que recoge la técnica y formas expresivas de Antonio Padrón para recrear con exquisita calidad y emotividad la actualidad de Gáldar como si trasladara el escenario cotidiano hacia los años en que Padrón recorría esas calles y la plaza de la iglesia con el bullicio de niños y niñas jugando en una evolución ficticia de la pintura del artista galdense.

            Los cuadros de Antonio y Jane compartieron sala en varias ocasiones, destacando la muestra colectiva en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife (1961), bajo el lema «Artistas Contemporáneos en Gran Canaria» organizada por la Escuela Luján Pérez de Las Palmas de Gran Canaria. Además de Padrón, estuvieron presentes un total de 16 artistas. En 1964, la Exposición de Arte Contemporáneo en el casino de Gáldar, contó con obras de Francisco Farreras, Oscar Domínguez, Martín Chirino, Manolo Millares, Eduardo Gregorio, Jane Millares, Juan Ismael, Felo Monzón, Lola Massieu, Miró Mainou, Rafael Bethencourt, Steve Hardy, Jorge López, Carla Pina, Tomás Padrón, Roy Morton y Clide Wood.

            Los buenos deseos entre los artistas no se limitaban a los periodos navideños, eran parte de una intensa producción artística que se ha convertido en patrimonio cultural de toda la población isleña. Su generosidad era pareja a su creatividad.

Una respuesta a «110-Postal navideña. Michel Jorge Millares»

  1. Un artículo que ya hacía falta se hiciera. El arte Indigenista no se le ha dado la importancia que tiene tal vez porque a la clase política no le interesa ni antes ni ahora. Es incomprensible que la riqueza de las obras de Felo Monzón no esté representada en ninguno de los museos. Traté con los herederos hace años de que las autoridades tomarán las riendas de su herencia, pero, el egoísmo por parte de los herederos que solo buscarán réditos no se llegó a nada.
    Y con Jane Millares no se ha hecho justicia por tratarse de una mujer y que como a tantas el machismo de la sociedad se mantiene en el olvido. Sólo su hijo ha luchado para dar a conocer su obra y le ánimo a seguir para que un museo de arte contemporáneo acoja las diferentes corrientes indigenitas tenga su espacio. El Cabildo de Gran Canaria tiene en sus manos solucionar éste problema.
    Atentamente.
    A. Gutierrez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *