120. La lluvia I. Rosa Liñares

BENDITA LLUVIA

Rosa Liñares

Por fin la lluvia había hecho acto de presencia. Bendita lluvia. Llovía fuera y llovía dentro. 

Fuera, el agua mojaba su rostro, llevándose consigo el llanto. Caía sobre su piel borrando huellas y aliviando dolores. Dentro, limpiaba su corazón y lavaba su conciencia, purificando su alma. 

El agua de la lluvia mojaba la tierra del camino que había tomado hacia su vida querida. Y esa misma lluvia haría que reverdeciese.

Se dejó acariciar por las gotas que acariciaban su rostro. Alzó las manos al cielo, agradecida. 

La lluvia se llevaba por delante lo malo y dejaba el aire limpio para poder respirar sin miedo. Allí, bajo tan ansiada lluvia, comenzaba una nueva vida. Y florecía.

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