123. Niña con vela. Betsaida González

ANTONIO PADRÓN

Betsaida González

Tras varios meses de encierro, regresó la normalidad. Una rara y nueva normalidad. Salir era un alivio y un privilegio reiniciar las vidas que quedaron pausadas sin esperarlo. En mi caso ese regreso fue mucho más satisfactorio, ya que mi nuevo escenario estaría rodeado de arte. El lugar, la casa museo situada en Gáldar perteneciente en vida al artista local Antonio Padrón.

            Este artista, capaz con sus obras de traspasar el marco y fomentar la imaginación del espectador, incitando a preguntarse qué pasa también fuera de ellos. En sus obras trata de componer imágenes de cosas convencionales, cercanas, rutinarias y hermosas. Incluyendo en ellas los conocimientos ancestrales, la tradición y la magia de la que estamos rodeados. También de cómo estas personas arraigadas en el trabajo de la tierra entendían el mundo cambiante que les rodeaba.

            De todas las técnicas empleadas en la elaboración de sus obras, descubrimos un artista curioso y multidisciplinar. Digno explorador del arte, pero capaz de definir un estilo muy personal que desarrolló hasta el final de su vida, dejando un legado inigualable. De este legado se conservan obras de todas las técnicas que experimentó. Entre ellas citaré dos de mis favoritas por ser capaces de incitar a imaginar más allá. Una de ellas es “cabeza de campesina”, un dibujo a carboncillo que podemos encontrar en su taller. El rostro inalterable de la mujer aparece despersonalizado en el detalle casi propio del autor de no plasmar ni pupila ni iris. Sin expresión pero totalmente expresivo en mi mente. Observamos en ella un aura de fuerza personal, trabajo duro e instinto de supervivencia. Vislumbramos algo de preocupación pero también confusión, propio de los cambios que se gestan en la sociedad en estos momentos y que rodeará a muchas de sus obras.

            Lo mejor del arte es la libre interpretación, y las obras de Padrón son dignos escenarios donde la imaginación puede emplearse para crear una historia. Como es el caso de la obra “ Niña con vela”, que me tiene tremendamente intrigada. En ella aparece en primer plano una niña, a su lado una mesa en la que distinguimos un jarrón con flores, tras ella vemos una figura difícil de definir —si es humana o el resultado de un híbrido humano animal. Los más pequeños que visitan la obra despliegan su imaginación, que en el resultado llega a ser más pura que la de los adultos, ven en esta obra un símil de la historia de la “Bella y bestia”.

            En mi interpretación esta obra podría establecer varios diálogos. El primero de estos diálogos será entre la belleza y la fealdad con las flores en una posición intermedia proponiendo un equilibrio entre los cánones establecidos y los gustos personales. Concediéndole a la vela el papel simbólico principal, propongo el siguiente diálogo entre la luz y la oscuridad con la superposición de las figuras y la diferente luminosidad proporcionada por las velas, la de la niña de luz más tenue en comparación con la luminosidad de la vela que sujeta la figura situada en la oscuridad. Por último, podría significar las etapas de la vida en las que permanecemos iluminados hasta que llega el dulce final.

            Y así me encontré en este lugar, con gente con la que descubrir los secretos que Padrón dejó para nosotros.

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