125. La máscara. Nauzet González

UN FLECHAZO EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Nauzet González

Agosto del 2021

            …. Tras más de un año luchando contra el Coronavirus, la pandemia en España se ha estabilizado, pero a día de hoy todavía  se siguen produciendo muchos contagios y muertes. Por ley es obligatorio llevar mascarillas homologadas y guantes en la calle, así como llevar un gel desinfectante a mano para desinfectarse cuando se entre en contacto físico con otras personas, o cuando se toquen objetos manoseados por otras personas. 

            Echedey se agachó y recogió del suelo una cartera — ¡niña!, se te cayó esto, toma. Aquel joven  iba tapado hasta arriba, apenas se les distinguía la melena y los ojos, sumado a su forma  de caminar suave y armónica  y  su voz muy afeminada, no dejaban claro su sexo. Se miraron durante tres segundos, se sonrieron y el misterioso joven melenudo le guiñó el ojo izquierdo. Los dos se subieron a la guagua por la parte de atrás (lo de subirse a la guagua por detrás ya es norma obligatoria, hay  gente que prefiere  ir de pie antes que  sentarse al lado de alguien),  pero el extraño muchacho o muchacha se sentó al lado de Echedey y a este pareció no incomodarle. Durante el trayecto no dejaron de hablar, descubrieron que vivían en la misma zona, incluso que  tenían conocidos en común; se miraron y se despidieron mirándose cinco segundos, pero en ningún momento  el chico cubierto desveló su identidad ni  Echedey  le preguntó quién era, parecía que a los dos les gustaba aquel juego de intriga. Antes de irse, el misterioso joven escribió una nota  y se la dio:  «me has caído muy bien, gracias por devolverme la cartera, mándame un whatsApp a este número y quedamos». Echedey hizo el amago de romper el papel, pero lo colocó encima de su escritorio, tuvo la tentación de consultarle a su madre lo que hacer pero le dio vergüenza. Pepita entró a limpiarle la habitación, vio la nota en el suelo y como una madre clásica, le preguntó si había conocido a una chica y se estaban viendo —Sí mami, se llama… (piensa qué nombre ponerle al extraño joven), Irene, y es una chica muy guay, hoy nos vamos a ver. La mujer sonrió y le dio un beso en la mejilla —estupendo hijo, pero ya sabes, ten mucho cuidado, hay muchos virus por ahí y hay que protegerse, tu ya me entiendes.           Quedaron en el banco amarillo del Parque de Las Rehoyas. Echedey se sentó en el banco y a los cinco minutos apareció el intrigante joven que se sentó a su lado, entonces se descubrió el rostro  —¿ya sabes si soy niño o niña? —le preguntó sonriendo. Echedey soltó una carcajada y contestó: —pues sigo  dudando pero me da igual, me gustas mucho. Entonces Echedey también se quitó su mascarilla,  se quitaron los guantes y se acariciaron las manos dándose un apasionado  beso  ante la mirada lejana de Pepita que los miraba desde la otra punta del parque. La mujer se llevó la mano a la cabeza, estaba pálida, pero tras varios segundos optó por no intervenir y darse la vuelta. «Esto es lo que hay y tendré que aceptarlo» se dijo para sí.  

4 respuestas a «125. La máscara. Nauzet González»

  1. Escribí una historia completamente distinta con este óleo: La máscara. Eso muestra la polisemia de una imagen. En este microrrelato me gusta la ambigüedad sobre el sexo de los protagonistas. Además, la imposibilidad de intuir la edad de esos dos personajes. Enhorabuena!

    1. Gracias Rubén. Ese era el objetivo dejar al lector con ciertas dudas sobre el sexo de los personajes porque la indefinición y la ambigüedad es algo muy actual, lo de la edad lo interpreto como una crítica, que agradezco y respeto, pero es verdad, no se le da una edad concreta a los personajes, pero se deduce que son muy jóvenes, adolescentes. Un abrazo.

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