128. Las Molineras. Tere Perera

LAS MOLINERAS

Tere Perera

¡Qué suerte poder acercarnos al esplendor de la obra de Antonio Padrón! Sus prodigiosas pinturas están bañadas por imágenes sugerentes y profundas que, en su cotidianidad, ponen en valor el papel desempeñado por el icono de lo femenino en la sociedad canaria. Pinturas que nos susurran al oído historias sobre mujeres de carne y hueso, de cuerpo endurecido, de ocupación constante, tan humanas en su feminidad que solo pueden ser reales. Pinturas que forman parte de nuestro bagaje histórico y de nuestra identidad, que son el testimonio que visibiliza la voz de esas mujeres  inmortales.

Como muestra, observemos simplemente una de ellas: Las Molineras. Una arrebatadora creación que enternece y enamora sorbiendo la piel desde la primera  mirada. Cuando me abandono entre sus formas, mis ojos se convierten en arena que se pierde en el recuerdo y mi corazón cabalgando con fuerza entre los muros de otros tiempos. Me quedo mirándola y descubro en estas dos figuras femeninas  a nuestras madres, abuelas, tías… ¡Nuestras heroínas! Mujeres que emergen llenas de amor, fuertes, elegantes y repletas de tradición. 

Las Molineras muestran el murmullo del pasado de nuestras mujeres en esta hermosa tierra. Una vida sacrificada —prácticamente en la sombra—  empeñadas en sacar a la familia adelante labrando la vida a diario. Mujeres que, aunque muchas veces no tenían  nada  que llevarse a la boca, no permitían que los suyos pasaran hambre. 

Esta pintura nos hace sentir a esas mujeres silenciosas que, antes del amanecer —sin siquiera esperar a que se fuese la luna— ponían sus pies en el camino, como si un resorte invisible las empujara a ello. Mujeres de piel tostada por el sol y por el fuego, cuyos  ojos son cielo, volcán y mar.

Descalzas en su natural sencillez, cubren su cuerpo de lienzo con la vestimenta típica de faldas hasta el tobillo, confeccionadas con telas de colores profundos: marrones, violetas y terrosos oscuros. Igual que sus blusas. Ambas adornan su orgullo con un delantal, blanco de nieve para una, negro volcánico para la otra.

Ellas salen cada día, como el sol, preparadas para el trabajo, dispuestas a todo. Sus pasos han marchado por caminos polvorientos y senderos de lava. Mujeres que han pasado su vida sumidas en la vendimia de estrecheces y carencias, y que llevan tantos empeños sobre su  mente. Toda una vida marcada por el esfuerzo y la entrega.

Las molineras extienden y levantan los brazos como largas ramas, portando sobre sus cabezas robustas piedras de molino que sujetan con ambas manos y que, aunque son pesadas,  no están dispuestas a soltarlas.  Las dos mujeres, juntas, resisten el embate de  esas piedras de molino, mientras saborean el silencio, formando una única pieza plástica de una fuerza candente que se intuye en la dureza del basalto. Son mujeres que han parido y han amamantando a sus hijos con sus pechos de sal. Esas manos elevadas al cielo han acariciado, secado lágrimas, lavado las ropas en los lavaderos, han alimentado a los animales, han zurcido y puesto remiendos a los ropajes de toda la familia, han tostado los granos de irichen,  ahoren y millo, han utilizado esas piedras para moler los granos ya tostados y han ofrecido el gofio —uno de los alimentos básicos de nuestras islas— a los suyos; ese alimento que ya usaban los aborígenes, moliendo los granos de cebada tostados con molinos de basalto: un trabajo anónimo pero imprescindible para la supervivencia de todos. Eso, sin olvidar que el gofio sigue estando presente en nuestra mesa canaria.

Lo cierto es que lo que más me maravilla de esas molineras es que, cuando cierro los ojos después de contemplarlas, descubro en mi retina fragmentos de mi madre. Y, desde muy lejos, me llega todavía su voz, cantando mientras molía aquellas coplas que yo escuchaba embelesada. 

MUJERES MOLINERAS

Mujeres de piel tostada

al calor del fuego y el sol

bordando sueños al viento:

mujeres molineras.

Delantal negro

delantal blanco.

Mujeres de saliva callada

y pañuelo en la cabeza,

de cara volcánica

y esperanza taladrada. 

Delantal blanco

delantal negro.

Mujeres serenas

de piedra basáltica

y alma desbordada.

Delantal oscuro

de un negro mar profundo.

Mujeres basalto

zurciendo escaseces,

cargando el pan y la sal

al palpitar

de la madrugada.

Delantal níveo

de un blanco perpetuo.

Mujeres valerosas

en la falda del silencio

dejando huellas

por caminos polvorientos

donde el gofio y el aire

sirven de alimento. 

Delantal negro…

delantal blanco.

                                                                                     18/08/2020

 

2 respuestas a «128. Las Molineras. Tere Perera»

  1. Cuanta belleza en tus palabras Tere!!…desprenden nostalgia, añoranza, fuerza, lucha, entrega, amor…mucho amor!
    Muchisimas gracias por compartir sentimientos tan profundos y con ellos tocarnos el alma.

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