129. La máscara. Rubén Mettini

EMIGRAR

Rubén Mettini Vilas

La ciudad quedó devastada, pocos edificios se mantienen en pie. El plan para arrasar la humanidad que diseñaron los antagonistas se consumó con precisión y, ahora, el silencio impregna el aire de un horror callado. En la contienda, todos hemos perdido.

Se acumulan los desechos en los andurriales. El basural alberga alimentos fermentados, estiércol, despojos. Tal vez hallemos algo para comer. La paloma abatida por un disparo y sus plumas blancas manchadas de sangre constatan que la paz fue una utopía ilusoria. Entre los escombros se amontonan columnas de mármol partidas, fragmentos de estatuas, rostros inertes de yeso. Los duraderos combates lograron aniquilar las huellas de nuestra cultura.  

La máscara oscura, resquebrajada, con los ojos vacíos, prefiere la ceguera para no presenciar tanta destrucción. Nosotros, los pocos supervivientes, también deseamos ser ciegos.

En medio de la cochambre de la existencia humana, crecen doradas espigas de trigo y pequeñas flores. La vida se empecina, nace, brota, germina y seguirá haciéndolo, aunque ya no haya nadie para contemplarla. Nosotros, los pocos supervivientes, debemos emigrar.

Una respuesta a «129. La máscara. Rubén Mettini»

  1. Muy bueno, es la otra cara de la vida donde la realidad es mejor emigrar o esconderla para no verla que es lo que se suele hacer en la vida con los marginados, necesitados, dependientes, etc y hablar luego sobre lo bien que va todo.

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