138. El estudio. Pedro Lavado

DE TÍTERES Y FANTASMAS EN LA CASA MUSEO ANTONIO PADRÓN EN GÁLDAR

Pedro José Lavado

Confieso mi atracción e interés por las marionetas y títeres desde hace años, y por ello cualquier cosa relacionada con este tema me seduce y arrastra sin remedio. Hace unos años me encontraba en Gáldar por un tema turístico y laboral, vinculado con museos y naturalmente acabé haciendo una visita a la Casa Museo de Antonio Padrón. Desde el patio cuadriculado con los suelos enchinarrados y un recorrido que invitaba a los recovecos y a realizar una visita un tanto imaginada, me dirigí a la casa y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme una enorme marioneta de tamaño casi humano, de las conocidas como marotte en el argot de titiriteros, en el inicio de la escalera. Obvié de entrada la sala de la parte baja y me encontré en unos momentos entablando una conversación, no sé, si real o imaginaria, con ese gran personaje que presidía y guardaba el paso de la escalera. 

“Hola”- le saludé. Quizás el primer paso para romper el hielo y entablar una conversación. 

Pareció no oírme.

“¡Hola, Antonio!”- Creí oportuno dirigirme a él por su nombre y algo más de énfasis. 

“Hola, Buenos días, turista curioso…”– me contestó. Por un lado, me agradó que entrara al diálogo, pero me molestó su apostilla de “turista”. Decidí no hacer ninguna observación al respecto.

“Quería ver tu casa y la colección de obras de arte que la decoran”. No iba con segundas, pero algo debió de entender cuando me espetó: 

“No son obras decorativas. Es mi trabajo diario y en estas pinturas o cerámicas se muestra cuanto he podido experimentar. ¿No sé si conoces la gente y los paisajes de esta isla?”

“Un poquito”…– le respondí, mientras de un golpe de vista recorría el entorno y las obras que colgaban en la escalera… “Veo que te gustan las cabras o los camellos… y esos niños montando una cometa… son deliciosos”.

“Bueno, ya veo que te fijas en algo. También habrás observado o verás ahora que prefiero representar a gentes del campo en sus trabajos. Que mis colores nacen de la tierra y de los ocres mismos que pintaron la Cueva Pintada de Gáldar…, bueno, es cuestión que tú mismo lo descubras…”

Decidí seguir subiendo la escalera, pero me paró su voz: “¿A dónde crees que vas?”

“Al piso alto”- respondí.

“Ni se te ocurra entrar en mi estudio, estoy pintando una Piedad y no quiero que nadie me interrumpa. He bajado un momento a respirar”.

Un tanto sorprendido, contesté con un “Vale”.

Arriba me asomé, como despistadamente hacia el fondo del estudio del pintor, y en ese momento se apagó la luz y quedó tan solo una vela junto al caballete. 

“Ni se te ocurra entrar”, volví a oír una voz desde abajo, a la vez que la luz empezaba a titilar y la llama de la vela temblaba. Un olor a flores marchitas se superpuso a todo y me encontré corriendo escaleras abajo. Algo había roto yo del encanto de la sala y del trabajo del pintor. 

Ahora ya no encontré esa marioneta de tamaño natural en el arranque de la escalera… ¿Habría soñado yo esta conversación? No quería imaginar que hubiese hablado directamente con la figura real del artista que yo identifiqué con una marioneta. ¡Quién lo sabe!

Gáldar, Casa Museo Antonio Padrón, 8 de mayo de 2017

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