143. El Pescador. Nauzet González

DE CUANDO EL MAR ERA MAR Y LAS MADRES NOS CURABAN CON UNA SOLA FRASE Y UN BESO

Nauzet González

..Hubo una época no demasiado lejana, donde el mar se juntaba con las montañas,
y enormes lagartos cabezones bajaban a observar a los peces nadar en la orilla,
donde los niños jugaban a enredar sus piececitos con los rejos de los pulpos y aprendían a nadar persiguiendo gueldes de colores, que ahora se han vuelto marrones, la brisa del mar olía a cardones, aulagas y marisco, ahora huele a piche y basura, los viejos salían de noche con sus barquitas a pescar para hacer el caldito pescao para la familia, solo iluminados con la luz de la luna clara que llegaba desde un cielo limpio y cristalino como el mar antiguo y no contaminado, no hace tantos años que se podía correr descalzo por la playa, bañarse, subir la montaña persiguiendo a las pardelas, y jugar a las carreras con los lagartos hasta que se escondiera el sol, y luego volver a la casa o la caseta echa a mano con caña, bloques, arena y callaos, con el cuerpo magullado de heridas mágicas que no dolían, sino que nos hacían maravillosas cosquillas al sentir las manos de nuestras madres curándonos con mercromina, agua oxigenada, y un «sana, sana, culito de rana», heridas que se cerraban en dos días gracias a la salada brisa fresca, no hace tanto que te sentabas en los charcos y los cangrejitos salían de las hendiduras del suelo rocoso, volcánico, y te pellizcaban el culo cariñosamente para que les despejaras las entradas de sus casas, y había tantos caracoles, que se organizaban en filas para ir a comer el plancton de las rocas, que eran verdes como lechugas y ahora son grises como las moles de cemento erigidas sobre montañas ancestrales y sagradas para nuestros antepasados, y masacradas por el progreso de unos pocos.

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