151. Arlequines. Carlos Delgado

FUERA DEL TIEMPO

Carlos Delgado Mujica

La noche ha caído sobre la Gáldar de principios del siglo XX. Dos figuras avanzan en tono casi procesional, entre oscuros cercados de plataneras en dirección al Casino. Es Carnaval, y por ello los dos personajes se han ataviado de la mejor forma para asistir al baile que ha organizado la Sociedad de la ciudad. Sus ricas medias de personajes de la commedia dell’arte, se han salpicado por el barro abundante de las lluvias de los meses de invierno. Sus rostros permanecen cubiertos por máscaras blancas que apenas dibujan gesto.  

Al entrar en el gran salón, advierten que el entorno se muestra perfecto para su dicha. Todos los participantes del festejo bailan de forma alocada y dispersa, entre copas de vino, vasos de ron, carcajadas, y una atmósfera vestida de humo y serpentina. Es una estampa que roza lo carnavalescamente selvático. 

Nuestros protagonistas, la han encontrado entre el bullicio. Saben que tienen poco tiempo para su gesta y que la misma podrá pasar desapercibida por el alto revuelo del salón. Ella viste un elegante disfraz de dama de corte, portando consigo un abanico color azul que ayuda a sofocar el cargado aire del lugar. Uno de los arlequines ha entrado en la escena solicitando un baile a la dama. Ella ha aceptado gustosa la petición de ese desconocido que al sostener su mano para comenzar la danza, ha alertado su identidad. La fría mano que sobrepasa el guante del arlequín, no deja duda. 

– Estás aquí –alentó la dama en voz baja sin parar el baile. 

– Es el momento, tenemos que marcharnos – exclamó el arlequín, mientras ella asentía con un semblante de tranquilidad.

Tras finalizar la pieza musical, los danzantes se dan la mano y marchan del lugar, esperando el segundo arlequín en la puerta del recinto que al salir, también da su fría mano a la mujer.                                                 

Mientras avanzan calle abajo, el frío se apodera de la mujer que entra en un estado febril, cuyo ambiente está acompañado de la música de la fiesta que se ha vuelto más pausada, al tiempo que estos sones se van perdiendo poco a poco en la lejanía de las calles. 

– Tu momento ha llegado -aseveró con voz seria uno de los conductores de la dama.

– Sí, estoy preparada y perdida al mismo tiempo. Antes de que ocurra quiero saber quiénes conducen mis destinos en esta fría noche. 

– La codicia y la envidia que han definido tu vida. Los lujos y riquezas que ahora no te servirán de nada. Nosotros somos la sabiduría que has rechazado, la mentira que has creído, la inhumanidad de tu camino y la melancolía del ayer. Somos la lástima y la alegría. Somos la vida que has vivido y la muerte que todavía no conoces. 

– Siento tanto todo, que ya no puedo sentir nada – solloza la mujer mientras mantiene sus dos manos agarradas a los arlequines.

Los personajes sueltan las manos de la mujer al ritmo que desenmascaran sus rostros y se quitan los guantes. Dos limpias calaveras quedan al descubierto bajo los sombreros de los disfraces, así como unas esqueléticas manos quedan desnudas.                                                                           

 En una extraña tranquilidad, la mujer toma de nuevo las heladas manos de los arlequines mientras uno de los cadavéricos personajes susurra:

– Tú, como nosotros, ya estás fuera del tiempo.  

Seguidamente los tres personajes emprenden un camino entre la oscuridad de la noche que baila entre tapias dormidas de plataneras y cercados. 

A lo lejos se intuyen desde el baile, los sosegados acordes del canto de La Barcarolle de Offenbach:

 ‘’Bella noche, oh noche de amor…’’

Puerto de Sardina de Gáldar, septiembre 2020.

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