21. Varios. Luis Alberto Serrano

CAMINANDO A LA MATERNIDAD

Luis Alberto Serrano

            Estaba el pintor paseando, rumbo a la nada y con los pensamientos en las cosas que veía. Calle abajo, era un camino que le gustaba hacer, porque su tranquilidad le inspiraba. Aquella mañana, al pasar por el lado de la quesería, vio a la mujer un tanto indispuesta. Se acercó lo más rápido que pudo a ella y vio que se estaba poniendo de parto. A grito vivo, avisó para que le ayudaran a socorrerla a las vecinas y gentes de buena voluntad. Las secadoras de jareas, que lo oyeron, salieron todas a auxiliar, como si la vida les fuera en ello. Unas a echar una mano en el alumbramiento y, otras, a avisar a la comadrona y al padre que estaría, como siempre, en las majadas. No aparecía la practicante por ningún sitio. Estaría cerca de alguna botella de anís. Así que, todos coincidieron en convocar a la vieja turronera que, por ser la que estaba siempre en la plaza del centro médico, ya había tenido que cortar los cordones umbilicales de la mitad de los niños del pueblo.

            Se concentraron todas las mujeres en la casa de la quesera. Unas preparando agua caliente, otras rasgando una sábana vieja para hacer jirones, y otras preparando café y un queque de plátano para los invitados que tendrían que venir.

            Al pintor lo echaron porque como es hombre, no entiende de esas cosas. La turronera ya daba órdenes a las demás. Parecía un panal de abejas, todas trabajando sincronizadas. El padre de la criatura llegó justo en el momento en el que el retoño esbozó su primer llanto. Entrando corriendo en la casa, se abrazó a todas las que por allí estaban. Hasta una de las secadoras de jareas, con la que hacía años que no hablaba por motivos de unas disputas de tierras, recibió su estrujón.

            Cuando ya todo se hubo calmado, la madre con su bebé en brazos y su esposo al cuidado de los dos, la casa se fue llenando de parientes y amigos con ganas de ver al vástago. No podía nacer en mejor familia. Y, al rato en que todos empezaban a despedirse, volvió el pintor que había ido a ver a la vendedora de flores para traerle un ramito de rosas a la nueva mamá.

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