3. Echadora de cartas. Martín Mederos

LA ECHADORA DE CARTAS

Martín Mederos Ruiz

01 01 20

Era cerca del mediodía y en Gáldar no había nadie en la calle, solo yo vagaba por ahí. Al llegar frente a la casa de Antonio Padrón escuché el ruido de una lata, giré la cabeza y al volver a mirar hacia enfrente, la puerta del Museo estaba abierta y delante había una mujer sentada en el suelo con un manojo de cartas en su mano.

            —¿Quieres conocer tu destino? —me dijo. Yo, lleno de suficiencia le contesté: Mi destino ya está escrito, según el lema de los de mi estirpe: «Hasta el éxito y más allá». Señora, hace cinco años que tengo un plan de pensiones agresivo. Hace dos meses me presenté a unas oposiciones que garantizarán mi vida y hace como cuatro meses conocí a una mujer de apellido ilustre de los de después de la Conquista de la isla que me ha abierto su corazón y su abanico de amistades. El 4 de abril, por su cumpleaños, le regalaré un pasaje a Nueva York, allí le pediré su mano y colorín colorado. ¿Qué desconozco yo de mi destino?

            La señora me miró amenazante y me dijo muy seria: el destino es caprichoso y cuando choca con el azar no sabemos por dónde nos lleva. Atrévase a enfrentarse a él. Yo, que nunca he sido un cobarde, me senté frente a ella y le dije: Eche esas cartas a ver.         
                      —Ummmm! No se ve oro, ni incienso, ni mirra, claro que estos no son los Reyes Magos. Señor, es usted afortunado. La vida en los próximos meses le va dar la más importante lección de su vida, la que no viene en los manuales de éxito en los negocios o la ascensión social.
                     A los dos días ya no recordaba aquel episodio, luego llegó marzo, el estado de alarma y hoy día 23 de junio aquí estoy, son las 23:57 y me encuentro en el jardín del Museo oyendo cómo el agua de esta fuente que dicen Antonio diseño con una geometría basada en sus creencias, me habla y me recuerda esa lección de la vida.

            ¿Las oposiciones? Con suerte saldrán sus resultados provisionales para marzo del 21. El plan de pensiones ya lo rescaté, que no está la vida pa mirar tan lejos, y en cuanto a ella… era mi gran amiga, pero también lo era de un reputado médico casado, y en plena fase 1 se fueron a la zona turística a unos apartamentos teóricamente cerrados (ellos, como yo, creían que el dinero está en la cima de la «cúspide»), y a la vuelta los cazó la Policía Autonómica.

            El azar, siempre el azar, hizo que la esposa engañada me enseñara copia de la denuncia de la policía.           
            En fin, para no cansarlos, fue hace unos meses que descubrí que cuando alguien entra a este museo, traspasa el umbral de lo cotidiano y lo rutinario y en este lugar hay normas no escritas como las que a mí la vida me enseñó después de aquella conversación con ella, LA ECHADORA DE CARTAS.

            El valor de las cosas casi nunca tiene que ver con su precio.

            La vida se construye día a día.

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