50. Paisaje con aulaga. Angélica Pérez Díaz

UN DÍA EN EL DIARIO DE UNA ASISTENTE DE SALA DE LA CASA-MUSEO ANTONIO PADRÓN

Angélica Pérez Díaz

            Apenas faltan cinco minutos para abrir las puertas de la Casa-Museo Antonio Padrón. Como cada mañana, se enciende la fuente del jardín y comienza el sonido relajante y cautivador del agua cayendo. Sin este hermoso sonido la Casa-Museo no sería la misma. Los pajaritos madrugadores están ya cantando, hoy más alegres que nunca. Un rayito de sol empieza a aparecer en el patio situado junto al jardín. Respiro profundamente y me impregno de este ambiente cautivador. Un “vergel” en medio de la ciudad de Gáldar. Sin duda, me siento muy afortunada, tengo el mejor lugar de trabajo del mundo. No quisiera estar en ningún otro lugar. 

            Suenan las campanas de la Iglesia de Santiago de los Caballeros que está frente a la plaza homónima, muy cerca de la casa del artista. Diez campanadas y abrimos las puertas principales de entrada al museo. ¡Qué sonido tan horrendo!, rompe toda la tranquilidad arriba descrita, pero es lo correcto, todos los edificios importantes deben estar protegidos con este tipo de puertas especiales. El personal de la Casa-Museo ya está preparado para recibir a todas aquellas personas que desean visitarnos cada día.

            Mi puesto es el de asistente de sala. Trabajo seis días a la semana, de martes a domingo. No cualquiera querría estar en mi lugar, librando solamente los lunes. Parece que Antonio Padrón ya sabía que a mí me iba a tocar este horario y decidió recompensarme con uno de sus cuadros que él mismo realizó con material de arena y óleo. En esta obra aparecen seis gaviotas que vuelan sobre un inmenso cielo azul, como si se tratase de los días de la semana que abre el museo. Una gaviota entra en el rayo verde, el rayo de la esperanza, y se funde en él, como si anunciara el paso del tiempo consumido. Una mujer enamorada se despide de esa aulaga con forma de barco que está representada en el fondo del océano. Océano sin una gota de agua. Ella se despide esperando el regreso de su amado que parte en ese barco imaginario. La misma despedida esperanzadora de volver a ver a los visitantes nuevamente, siempre que así lo deseen. Muchas de las visitas son tan agradables que se convierten casi en familia. Yo creo que las dos estrellitas rojas que aparecen en el cuadro con diez brazos en total es la valoración que Antonio Padrón tiene de los visitantes que pasan por su Casa-Museo. Sin duda se lo merecen. Con esa aulaga con forma de barco en la entrada del museo, parece que Antonio nos invita a todos a “musevegar” por todas sus obras dentro de las salas. Una travesía llena de emociones que el artista supo plasmar en todas sus obras, no dejando indiferente a nadie. A mí, personalmente, me encanta observar las miradas de los visitantes cuando vienen por primera vez. Perplejos ante los cuadros. El reflejo de una cultura que apenas conocen los más jóvenes y con la que los más mayores se sienten totalmente identificados en cada cuadro.

            Anécdotas diarias tengo unas cuantas, ya que cada día aprendo cosas nuevas. Pero, esta vez no voy a mencionar ninguna en concreto porque es la primera vez que realizo un escrito a Padrón y no quiero ser excesiva. 

            Solo quiero transmitirles mi agradecimiento por todas las visitas que se realizan diariamente a esta su Casa-Museo. Desearle a Antonio Padrón muchas felicidades por su centenario de nacimiento, y darle la enhorabuena por ser uno de los artistas canarios más valiosos que tenemos en nuestra isla. Bajo mi humilde apreciación, destaca por su personalidad, por el contenido de sus cuadros, por el colorido, el relieve y la técnica aplicada. Me siento afortunada de poder trabajar rodeada de sus obras y de maravillosos compañeros de trabajo que también sienten admiración por él.

¡HASTA PRONTO!

NOS VEMOS EN LA CASA-MUSEO

5 de agosto de 2020

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