51. Cena de brujas. Susy Montesdeoca Vega

LA MUJER RAÍZ

Pluma

            Me llamó la atención aquel árbol, era un baobab de pequeño tamaño y sus raíces me recordaron la silueta de una mujer. Continúé mi camino por aquel tramo de la Sabana. Una voz me detuvo. Giré la cabeza y allí́ no había nadie, solo estábamos yo y aquel peculiar árbol. Rodeé su tronco. Me volvió́ a sorprender el llanto de una mujer. Quedé perplejo, las raíces del baobab se movían y extendían como manos que quisieran atraparme. 

            Sentí́ una inmensa pena por aquel ser que hablaba, lloraba y gemía. Me contó que las hechiceras la utilizaban para sus pócimas y viajaban montadas en sus escobas, embriagadas con su esencia. Le atribuían poderes diabólicos y maléficos, pues hacían crecer sus raíces a los pies de los patíbulos. Las victimas eran ahorcadas y quemadas, sus excrementos y fluidos caían sobre sus raíces, dando poderes eróticos en sus practicas amatorias, curando la impotencia. Los galenos la utilizaban como brebaje para que las mujeres estériles pudieran tener hijos. 

            —Mis noches son lúgubres y solitarias y al alba mi llanto se convierte en lamento, los caminantes huyen despavoridos —me dijo la mujer raíz. 

            Extendió́ sus raíces hacia mí y yo quedé atrapado entre ellas. Sentí́ su calor que traspasó mi cuerpo y ya no quise retroceder y volver a mi camino. 

            La miraba ensimismada cuando mi madre me contaba estos relatos, ella le llamaba “Cena de Brujas” cuando mi abuela se reunía con sus amigas en los Baladeros de Telde. 

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