83. Mujer con Jaula. Teresa Delgado Duque

MUJER CON JAULA

Teresa Delgado Duque

            Papá tenía un don especial para con todos los animales, pero se relacionaba especialmente bien con los perros y los pájaros. En casa siempre hubo un loro gris de cola roja que se dormía sobre su pecho mientras veían la tele juntos (lo juro). Pero lo suyo con los canarios ya era cosa seria. Yo no sé cuantos pájaros desfilaron por la casa y por mis ojos durante nuestra vida. Criarlos, buscarles pareja, preparar los nidos, seguir el proceso de eclosión de los huevitos, ver crecer a aquellos delicados seres, disfrutar de su canto en la galería después del almuerzo era un placer indiscutible para él. 

            Papá se fue demasiado joven y algo dentro de sí sabía que se acercaba esa posibilidad, yo también lo supe cuando vi que empezó a regalar a los animales que tanto amaba (y lo amaban, también lo juro). Cuando regaló casi todos sus canarios tuve la certeza de que algo gordo intuía. Desgraciadamente no se equivocó. 

            A mamá nunca le gustó aquella costumbre de mi padre, porque según ella los pájaros daban mucho trabajo pero, de la noche a la mañana,  aquellas dos parejas de canarios de la que le costó deshacerse a su marido y le dejó en custodia, se volvieron su más preciado tesoro. Aquellos cuerpecitos vivos que a mediodía se volvían pura algarabía eran como si un poco de él  se hubiera quedado en la casa.

            Con el tiempo fueron muriendo excepto uno, aquel que más fascinaba a papá, como si supiera que era su preferido sobrevivió a los otros tres y aún continua haciendo las delicias de mi madre, han envejecido juntos y como si ninguno quisiera irse antes para no darse la pena que saben que es que se te vaya alguien a quién tu amas, ahí siguen vivitos y coleando. 

            Ella le da las gracias a la vida cada mañana por un día más y después de su cortadito, limpia la jaula y provee a su amigo de agua y alpiste. Se miran y se acompañan.  

            Realmente creo que las personas pueden quedarse un poco en quien elijan y mi madre dice que papa se quedó en ese canario pa’ vigilarle los cafés que se toma al día (no vaya a ser que se le suba la tensión) y pa’ volverla loca de la cabeza hablando, bueno, cantando que ahora canta. 

            Yo, viendo que ya tiene 17 años esa avecilla que vive 15 todo lo más, ya empiezo a pensar que tiene razón.

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