90. La lluvia I. Conchy Rivero

LLUVIA EN LA MAÑANA

Conchy Rivero

Un mar de nubes camina 

y sobre mi ventana flota.

Su peso en mi interior siento. 

Oculto se ha quedado el sol.

Nubes abiertas, 

desgranando vida,

gotas cargadas de rocío frío,

 mueren sobre un pecho dormido.

Sonido sereno, acompasado, oigo.

Bálsamo para el alma que redime.

Pequeñísimos brillantes, 

el pretil de la ventana cubren.

Manos y dedos, barcos de papel, 

navegan sobre los charcos mojados.

Tez incolora, apenas palpitas,

el frío cortante, te tiñe de roja manzana.

Las nubes siguen abiertas y sueño, 

destilan cristales de humo y exhalo.

Presurosas descienden,

 inundando el asfalto marchito.

La mirada fijada en el húmedo cielo.

Las gotas raudas, el pelo atraviesan. 

La frente, los ojos, 

la nariz, la boca…

Inundas la cara, el pecho…

Agua que despreocupada corres.

Despreocupada llegas 

con el pan bajo el brazo.

El trigo alegras,

los pinares retozan,

las lagunas alimentas, 

los sueños refrescas…

¡Minúsculas gotas de VIDA!

Vida que amanece y anochece. 

Reloj que desmarcas las horas sin tiempos.

Rescatas arduas pasiones que laten

y zarandeas los vientos insípidos.

El pelo anegado y la cara mojada.

Gotas cristalinas sin ritmo persisten 

y riegan el pecho fértil que tirita.

Alborozadas despiertan 

las mañanas doradas y azules.

Las nubes, siguen regalando una fecunda lluvia.

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