95. Autorretrato. Niria Suárez

ANTONIO PADRÓN Y LA ESTÉTICA DEL COLOR

Niria Suárez Arroyo

            La virtualidad nos alcanza, llegando a conmover como estar in situ. Trasmisión fluida  en tanto que enlaza belleza y percepción, el binomio de la estética; esa facultad sensible que nos moviliza sensorial y espiritualmente. Aunque el ser humano las lleva implícitas, el don de la trasmisión que trasciende le ha sido dado al artista, al que hace del arte un espejo que nos mira hacia adentro; el vector que relaja el semblante adusto. No todos logramos llegar al otro estimulando sensibilidades. En el caso de Antonio Padrón, no solo es el color, es una especie de atracción movilizada que remite a narrativas poéticas, a barruntos de memorias, a casa antigua, a naturaleza vivida. Anatomías deformadas en los bordes pero intactas en los rasgos; ese detalle, al menos a quien suscribe estas líneas, le obligó a detenerse y tratar de ir más allá, al origen de la imagen, al fondo narrativo, sin que el principio de unidad se rompa. Cuando la mirada virtual de paso a la vivencial, lo disfrutaremos como Dios manda. 

En Hollywood/FL, agosto 2020.

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