96. Retrato de Carmen. Mª del Carmen Barreto

RETRATO DE CARMEN

María del Carmen Barreto Pacheco

            Aquí me tienen, posando para dejarle el cuadro a mi madre,  para que tenga un recuerdo mío. Me voy porque un pretendiente allende los mares se casa conmigo por poderes.

            Estoy triste porque mi padre ha muerto hace poco y no me gusta dejar a mi madre sola con mis hermanos. Pero, ¡somos tantos! Así seré una boca menos que alimentar. Ya les mandaré mis buenos cuartos desde Venezuela. Él me lo ha prometido.

            No es una huida. Pero sí una liberación. Mi futuro marido me ha prometido que no coseré más para gente extraña. Que seré una señora y tendré sirvienta que limpie y haga de comer para ambos. Solo tendré que darle hijos sanos y fuertes y portarme con fundamento. ¿Acaso sé portarme de otra manera? Siempre guardando las formas, prudente ante el qué dirán.

            Lo conozco desde que era niño, a mis padres le gustaba Ginés, era un chico muy trabajador. Tanto labraba la tierra como cuidaba el ganado, como  escribía  o leía cartas a los vecinos. Iba a misa todos los domingos y rezaba el rosario con su madre y los míos. ¿Seguirá creyendo en la Virgen y todos los santos? Tenía sueños. Quería ser su propio jefe. Montar una empresa de comestibles para que nunca les faltara de nada a los suyos. Creo que eso lo ha conseguido. Ha tardado muchos años y me echa de menos. Por eso se casa conmigo.

            ¿Me gustará Venezuela? ¿Cómo será el viaje? ¿Me esperará en el muelle? ¿Y si no viene?

 ¿Cumplirá con lo acordado?¿Seguirá siendo el hombre del que me enamoré? La distancia asilvestra a los hombres. Me crea la dicotomía de la flor: me querrá, no me querrá. ¿Me dará hijos o no? ¿Me colmará de parabienes o me hará una desgraciada apaleada? Conozco casos de mentira, de infidelidades, de ruina camuflada. No sé que pensar.

            Y mientras mi cerebro no para de cuestionarme, el pintor dice: —sube la cabeza, aprieta el mentón, mírame.

            Aquí estoy yo, posando y pensando. ¡Ayúdame Dios mío!

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