Diario de un guía de museo que quiere ser visitante.

DÍA 19

Seis años después, habiendo pasado por un deshielo de conocimiento personal y por el transitar de las pasiones en diferentes carreras, Coraima y yo vinimos a dar en un museo. Había conocido a Coraima en el año en que estudié Historia, antes de darme cuenta de que mi rumbo era la filología: lo que pasó durante los seis años después todos lo hemos vivido: altibajos, dudas, certezas y, finalmente, la honda satisfacción de hacer lo que uno ama. Nadie pudo pronosticar que Coraima y yo íbamos a reencontrarnos en este centro que es ya nuestra casa. Escribo estas líneas y ya me estoy despidiendo. La despedida es solo un símbolo romántico, un símbolo de lo perdido. Pero nada se pierde y nada se gana. Se vive y se hace con la vida lo que se puede. Hoy concluye mi paso por el museo. Le decía esta mañana a Angélica que no es lo mismo pasar por el museo de visita que conocerlo desde dentro. La idea que se hace el viajante es apenas ver la fachada de la casa en la que vivimos los que trabajamos dentro. Me llevo la gratitud inmensa de haber vivido un mes como un año, y la certeza de que de alguna manera ya estoy marcado para siempre por el hierro padroniano. Quiero dar las gracias a todos los que hicieron amena agradable y flexible esta estancia. Los cafés con Blanca, las risas con mi querida y reencontrada Coraima, la amistad de Heriberto Herrera, y la disposición de César Ubierna, cabeza matraquillenta y manojo de nervios del reino padroniano; por nombrar sólo a algunos de tantos bienhechores. Gracias y hasta pronto. Nos vemos en el Alcori.

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DÍA 18

Al igual que los corazones ajenos son el gran misterio que se intuye en la otra persona (difícil frontera entre Uno y los otros), los museos son quizás los animales incomprendidos de las ciudades que los acogen. La mayoría de las contradicciones están llenas de señales de vida: en el corazón de Gáldar, este museo permanece a la sombra fresca del aire acondicionado como el que duerme la siesta en la penumbra mientras el mundo burbujea de calor. Una campana interrumpe el letargo en el que dormimos a veces, aquí, dentro del museo.

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Día 17

No se puede visitar Gáldar a pie de calle sin que nuestros paseos den lugar al recuerdo de los pueblos hermanados de América. En La Habana hay un poco de Vegueta y en Gáldar hay un rastro de la Antigua Guatemala. Santiago de los Caballeros de Gáldar se hermana en 2007 con su homónima ciudad de la Antigua Guatemala. En el silencio de las calles empedradas de Gáldar sueña uno con ruinas mayas, con la voz de padre místico de Miguel Ángel Asturias o con una canción guatemalteca:

«Luna de Xelajú

que supiste alumbrar

en mis noches de penapor

una morena de dulce mirar.»

Pese a todo, el reconocimiento es imprescindible porque las hermandades culturales hay que decirlas, definirlas y nombrarlas para que se materialicen. Duermen aún, reconocidos o sin reconocer, incontables lazos de sangre entre Canarias y los pueblos de América. Miro los ídolos guanches de Padrón y me pregunto cada día si él tuvo conciencia de que estaba contribuyendo a la gran cultura de lo hispánico desde este rincón del atlántico que pervive en su propia identidad (suma de identidades) y que habla una variedad lingüística que en muchos aspectos nos refleja con algunos pueblos de América Latina: en las regiones caribeñas el parecido con el seseo, aspiración de la – s y en las regiones altiplánicas andinas el choque plateado del uso de las consonantes hasta el punto de que se pierden las vocales entre ellas. Lo más lúcido sin dejar de ser gracioso y acertado lo dijo el filólogo polaco venezolano Angel Rosenblat:»Yo las distingo, de manera caricaturesca, por el régimen alímentícío: las tierras altas se comen las vocales, las tierras bajas se comen las consonantes».

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Día 16

«Aunque todo rastro de su origen había desaparecido de los textos, se pensaba que era un hombre de los páramos por su apetito desmesurado de poder, por la naturaleza de su gobierno, por su conducta lúgubre, por la inconcebible maldad del corazón con que le vendió el mar a un poder extranjero y nos condenó a vivir frente a esta llanura sin horizonte de áspero polvo lunar cuyos crepúsculos sin fundamento nos dolían en el alma.»(«El otoño del patriarca», Gabriel García Márquez)Si les sigo hablando del cuadro de Antonio Padrón «Paisaje con aulagas» o el rayo verde es porque el cuadro me persigue a mí y alimenta las obsesiones entre las que se reparten mis delirios, mis ensueños artísticos, mis amigos imaginarios. Hoy, en una visita que dirigimos entre mi amigo y compañero Heri Herrera y yo, le contaba a uno de los visitantes que la contradicción donde me encuentro al observar dicho cuadro es parecida a la paradoja que sentí en la lectura del fragmento que les pongo al principio. En una de las novelas más impactantes y complejas de García Márquez (la he leído cinco veces y aún me sigue sorprendiendo) un general borracho de poder decide vender hasta el mar para conseguir el poder absoluto, el poder del abismo. Les dije a los amigos que nos visitaron que el mundo en que sucede ese cuadro de Padrón es un mundo deshabitado por una llanura de barcos encallados, y pensé que también es un páramo de soledad donde el rayo verde es tal vez el refugio en la evasión y su condena. El milagro del encuentro entre dos personas es también la certeza de que ese encuentro debe acabar, debe morir y desaparecer bajo la aulaga que crece y devora las cosas. Más que pesimismo, como alguno podrá pensar, aspiro a una visión integral de la vida y lo que perdemos cuando no sabemos aceptar que nada nos pertenece, y decidimos volar asustados, heridos pero firmes en la decisión de volar. Ahora pienso en esa vieja canción que nos aconseja «por eso muchacho, no partas ahora soñando el regreso. Que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo.»

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Día 15

«Si ese rayo que lanza el Sol en el momento en que el borde superior de su disco roza la línea del horizonte, es verde, quizá sea porque al atravesar la delgada capa de agua se impregna de su color.» «El rayo verde», Julio Verne (1882) La espera del rayo verde es agotadora. El coronel se pasó años esperando una carta que nunca le habría de llegar. ¿A quién espera esta mujer que hace señales de adiós con un pañuelo detrás de un rayo verde? Primero se llevaron algunas cosas. Dejaron los animales y a las mujeres para después. En la cartera, lleno de agujeros, amarillea sin años, sin tiempo un retrato carcomido. Mujer o hijo. Nadie sabe. La espera es inútil. Qué debe esperar un guía de museo, qué quiere alguien que se interroga día a día por los problemas de abordar el arte. ¿Llegamos a conocer a alguien verdaderamente? Detrás de las gafas de sol oculto todas estas dudas que se me calientan en el bolsillo. En un rato serán las dos.

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DÍA 14

«De Oaxaca, la región de los vinizá «gente de las nubes», vinieron los rezagados de la parranda a consumir el matrimonio. Pusieron entre todos jarros de barro en la cabeza, y cantaron hasta la medianoche. Fue ahí cuando los recién casados se escurrieron furtivos hasta el lecho y repararon el error de ser dos con la misma palabra. De las voces, de los fluidos, salió cargada por los jueces la sábana corrompida por la sangre primera, bebieron cerveza para celebrarlo y volvieron a sus sierras de niebla.De Puebla nos trajeron el recuerdo de una capilla de oro que nunca hemos visto y sin embargo reconocimos desde el principio el barroco americano, las largas jornadas del mestizaje y la duda que concluyeron en una historia propia que resultó ser nuestra historia común, la historia de los vencedores y los vencidos unidos por las generaciones. La historia, en palabras de Dámaso Alonso, de «esta lengua que uso, por la que a cada instante vierto mi pensamiento y mi corazón». Esto lo escribí hará poco menos de un año cuando conocí a María Alejandra Domínguez Sánchezuna mexicana conocedora y conviviente con las muchas culturas originarias que conviven en México. Aunque hemos mantenido una conversación en el tiempo hoy nos hemos vuelto a encontrar en la vuelta del camino sin esperarlo, puesto que Alejandra ha participado en los Escritos a Padrón. Durante su estancia en esta isla, Alejandra pudo conocer la historia de la obra de Antonio Padrón, por la que, según parece, quedó profundamente impactada. Este encuentro que se ha presentado por lo que podría pasar por azar, es nada menos que el decir del símbolo enorme que representa la vuelta y la ida del encuentro hermanado por la identidad hispánica. La certeza de que hay alguien que espera el regreso del abuelo indiano. De una forma que solo puede ser humana siendo mítica, compartimos un idioma que nos recrea y modifica nuestro espacio, es lo que me hace sentir esta inmensa gratitud por volver a leer a mi amiga Alejandra, esta vez empapada de esta familia padroniana a la que puede ir y venir siempre que quiera. Con un abrazo inmenso, hoy te regalo esta abubilla de piedra prehispánica. Te regalo la mirada melancólica de Antonio Padrón para que la lleves hasta los espejos de los vidrios de Puebla y la derrames repetida en las manos cansadas pero firmes que no han parado de hacer cerámica de Talavera. Hasta allá, hasta lo alto de Los Portales (donde según Catalina Guzmán sucede todo en Puebla) lleva la serenidad de este pájaro melancólico cuyo canto te ha hechizado y me ha recordado unas palabras humildes que hice para entender un poco más lo que nos une.

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DÍA 13

Diego Rivera pintó un mural que tituló «El hombre en el cruce del camino» o «el hombre controlador del universo». En el cruce del camino los vientos encontraron a nuestro amigo padroniano Javier Jiménezcuyos cabellos se están meciendo en la encrucijada que lo ha encontrado. El hombre no es controlador de nada: por eso nuestro amigo ha sido puesto en una tesitura de cambios y decisiones por la que su vida se ha visto revuelta como un ajedrez. Los vientos le son favorables, aunque para ello tenga que dejar la residencia familiar de esta nuestra casa de Antonio Padrón. Llévase consigo unos años enriquecidos por su formación artística reflejada en la formación de Antonio Padrón y en la admiración de la obra de un artista concreto. Y aunque esto no es un adiós sino un hasta pronto, nuestro amigo Javier seguirá frecuentando el museo, porque el que es tocado por Padrón no consigue nunca desligarse de esa etapa de su vida.

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DÍA 12

Meditábamos esta mañana mi compañera Lali y yo sobre el paso del tiempo y cómo uno lo percibe. El tiempo, y esto es ley probada, se desdobla y nos permite establecer una relación entre lo que vivimos y los recuerdos que tenemos de nuestras memorias. Cosa extraña, el tiempo. Lali me contaba con palabras aproximadas a estas:-Yo vivo las cosas y las cuento como si tuviera quince años más.Ahora mismo y para probar mi propio relato, no recuerdo con exactitud las palabras que usó Lali para expresarme lo que me expresó. Y de eso no tengo dudas: me quiso decir que la distancia física o la distancia en el tiempo amplía y cambia nuestra forma de contar las cosas que hemos vivido. Aquí lo importante no es que sea verdad o mentira lo que se diga, sino la credibilidad con que lo dice. Con un virtuosismo narrativo del que ella probablemente no sea consciente, yo veía pasar como fotos antiguas sus palabras: una plancha de acero calentándose, una casa apenas iluminada en el Risco o un viaje de tortura en el coche de hora. El hábito de la narración nos precede a todo. La buena costumbre de conversar, de platicar (hermosa palabra que suena a hacer plata con el paladar o algo así) es algo que las mascarillas no pueden impedir que suceda. Como el hábito de escribir mucho o no escribir nada no impide que se pueda ser un narrador excelente… Retumban las palabras que repitió Lali una y otra vez: «La realidad supera a la ficción».Sin pretender corregirte, Lali, yo diría que la realidad es tan difícil de abarcar que tenemos que volverla ficción.

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Día 11.

«Pisaba más hondo, pesaba más gravemente en esta tierra que los demás». Así explicó el poeta Pedro Lezcano la dimensión que tuvo para él la muerte de Antonio Padrón. Como la muerte de alguien que había puesto en la vida todo el dolor del corazón auténtico, esto es todo su empeño por trascender el dolor y hacerlo arte, cruzar el umbral del infierno del yo y plasmar esta sanación en personas, en ritos, en animales y paisajes que están llenos de soledad, de misterio y esperanza. Cuando se trasciende el dolor parecen insignificantes por vacías algunas cuestiones que protagonizan a veces el panorama artístico: exponer, ganar premios, dinero o fama se vuelve para Antonio Padrón un desengaño superado, una mentira aprendida. Inconsolable por consciente, nada puede hacer nadie para salvar el peso grande de un corazón sobre la tierra como el de Padrón. Un corazón que presiente el retorno a la azul infancia en un sueño de pelar tuneras y en la fe de una madre cuyo niño está enfermo. Precisamente él, enfermo para siempre por la vacuidad del panorama artístico (que no comprende) hace su redención personal y nos pide a todos Piedad.

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Día 10

«Converso con el hombre que siempre va conmigo

—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;

mi soliloquio es plática con ese buen amigo

que me enseñó el secreto de la filantropía.»

(Antonio Machado)

La química de la que se componen los diarios, la materia testimonial, inevitablemente está hecha de soledades, de un soliloquio largo y monótono como un rosario. Al igual que en la oración, en el diario uno intenta encontrar fe para ver alguna luz durante el viaje o al final de él. Este cristal de soledades está, naturalmente, en cualquier experiencia artística. El descubrimiento y la implicación de uno en un proceso creativo es el rito de iniciación hacia niveles mayores de comunicación y de empatía. Así es como se entienden los procesos históricos, la solidaridad, la comunidad. En la obra artística de Padrón hay la conciencia de una voz que va desde la soledad hacia la vida común.

Habitado por las soledades, yo me he debatido durante mucho tiempo entre el espacio físico y el espiritual. Creía, y en parte sigo creyendo, que los nacionalismos encogen el alma y achican libertades. No es así en el arte. El arte me ha revelado otro mundo que he buscado fuera del espacio que me rodea. Y por los ojos del arte he resucitado. Ahora camino por los campos altos de Gáldar y veo tuneras, en otra parte strelitzias (ave del paraíso, flor de pájaro) que antes no veía. El arte además de crear otro mundo nos revela otras vías de este. Los caminos que se transitan en la vida artística no son diferentes de los caminos de la vida espiritual. La dedicación a la sensibilidad está premiada por Dios en lo más hondo de la conciencia. Ahí están el cielo o el infierno.