Diario de un guía de museo que quiere ser visitante.

DÍA 14

«De Oaxaca, la región de los vinizá «gente de las nubes», vinieron los rezagados de la parranda a consumir el matrimonio. Pusieron entre todos jarros de barro en la cabeza, y cantaron hasta la medianoche. Fue ahí cuando los recién casados se escurrieron furtivos hasta el lecho y repararon el error de ser dos con la misma palabra. De las voces, de los fluidos, salió cargada por los jueces la sábana corrompida por la sangre primera, bebieron cerveza para celebrarlo y volvieron a sus sierras de niebla.De Puebla nos trajeron el recuerdo de una capilla de oro que nunca hemos visto y sin embargo reconocimos desde el principio el barroco americano, las largas jornadas del mestizaje y la duda que concluyeron en una historia propia que resultó ser nuestra historia común, la historia de los vencedores y los vencidos unidos por las generaciones. La historia, en palabras de Dámaso Alonso, de «esta lengua que uso, por la que a cada instante vierto mi pensamiento y mi corazón». Esto lo escribí hará poco menos de un año cuando conocí a María Alejandra Domínguez Sánchezuna mexicana conocedora y conviviente con las muchas culturas originarias que conviven en México. Aunque hemos mantenido una conversación en el tiempo hoy nos hemos vuelto a encontrar en la vuelta del camino sin esperarlo, puesto que Alejandra ha participado en los Escritos a Padrón. Durante su estancia en esta isla, Alejandra pudo conocer la historia de la obra de Antonio Padrón, por la que, según parece, quedó profundamente impactada. Este encuentro que se ha presentado por lo que podría pasar por azar, es nada menos que el decir del símbolo enorme que representa la vuelta y la ida del encuentro hermanado por la identidad hispánica. La certeza de que hay alguien que espera el regreso del abuelo indiano. De una forma que solo puede ser humana siendo mítica, compartimos un idioma que nos recrea y modifica nuestro espacio, es lo que me hace sentir esta inmensa gratitud por volver a leer a mi amiga Alejandra, esta vez empapada de esta familia padroniana a la que puede ir y venir siempre que quiera. Con un abrazo inmenso, hoy te regalo esta abubilla de piedra prehispánica. Te regalo la mirada melancólica de Antonio Padrón para que la lleves hasta los espejos de los vidrios de Puebla y la derrames repetida en las manos cansadas pero firmes que no han parado de hacer cerámica de Talavera. Hasta allá, hasta lo alto de Los Portales (donde según Catalina Guzmán sucede todo en Puebla) lleva la serenidad de este pájaro melancólico cuyo canto te ha hechizado y me ha recordado unas palabras humildes que hice para entender un poco más lo que nos une.

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