Diario de un guía de museo que quiere ser visitante.

Día 16

«Aunque todo rastro de su origen había desaparecido de los textos, se pensaba que era un hombre de los páramos por su apetito desmesurado de poder, por la naturaleza de su gobierno, por su conducta lúgubre, por la inconcebible maldad del corazón con que le vendió el mar a un poder extranjero y nos condenó a vivir frente a esta llanura sin horizonte de áspero polvo lunar cuyos crepúsculos sin fundamento nos dolían en el alma.»(«El otoño del patriarca», Gabriel García Márquez)Si les sigo hablando del cuadro de Antonio Padrón «Paisaje con aulagas» o el rayo verde es porque el cuadro me persigue a mí y alimenta las obsesiones entre las que se reparten mis delirios, mis ensueños artísticos, mis amigos imaginarios. Hoy, en una visita que dirigimos entre mi amigo y compañero Heri Herrera y yo, le contaba a uno de los visitantes que la contradicción donde me encuentro al observar dicho cuadro es parecida a la paradoja que sentí en la lectura del fragmento que les pongo al principio. En una de las novelas más impactantes y complejas de García Márquez (la he leído cinco veces y aún me sigue sorprendiendo) un general borracho de poder decide vender hasta el mar para conseguir el poder absoluto, el poder del abismo. Les dije a los amigos que nos visitaron que el mundo en que sucede ese cuadro de Padrón es un mundo deshabitado por una llanura de barcos encallados, y pensé que también es un páramo de soledad donde el rayo verde es tal vez el refugio en la evasión y su condena. El milagro del encuentro entre dos personas es también la certeza de que ese encuentro debe acabar, debe morir y desaparecer bajo la aulaga que crece y devora las cosas. Más que pesimismo, como alguno podrá pensar, aspiro a una visión integral de la vida y lo que perdemos cuando no sabemos aceptar que nada nos pertenece, y decidimos volar asustados, heridos pero firmes en la decisión de volar. Ahora pienso en esa vieja canción que nos aconseja «por eso muchacho, no partas ahora soñando el regreso. Que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo.»

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