Diario de un guía de museo que quiere ser visitante.

Día 17

No se puede visitar Gáldar a pie de calle sin que nuestros paseos den lugar al recuerdo de los pueblos hermanados de América. En La Habana hay un poco de Vegueta y en Gáldar hay un rastro de la Antigua Guatemala. Santiago de los Caballeros de Gáldar se hermana en 2007 con su homónima ciudad de la Antigua Guatemala. En el silencio de las calles empedradas de Gáldar sueña uno con ruinas mayas, con la voz de padre místico de Miguel Ángel Asturias o con una canción guatemalteca:

«Luna de Xelajú

que supiste alumbrar

en mis noches de penapor

una morena de dulce mirar.»

Pese a todo, el reconocimiento es imprescindible porque las hermandades culturales hay que decirlas, definirlas y nombrarlas para que se materialicen. Duermen aún, reconocidos o sin reconocer, incontables lazos de sangre entre Canarias y los pueblos de América. Miro los ídolos guanches de Padrón y me pregunto cada día si él tuvo conciencia de que estaba contribuyendo a la gran cultura de lo hispánico desde este rincón del atlántico que pervive en su propia identidad (suma de identidades) y que habla una variedad lingüística que en muchos aspectos nos refleja con algunos pueblos de América Latina: en las regiones caribeñas el parecido con el seseo, aspiración de la – s y en las regiones altiplánicas andinas el choque plateado del uso de las consonantes hasta el punto de que se pierden las vocales entre ellas. Lo más lúcido sin dejar de ser gracioso y acertado lo dijo el filólogo polaco venezolano Angel Rosenblat:»Yo las distingo, de manera caricaturesca, por el régimen alímentícío: las tierras altas se comen las vocales, las tierras bajas se comen las consonantes».

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