Diario de un guía de museo que quiere ser visitante.

Día 3

En muchos sentidos, los adultos tienen que ir guiados de la mano por los niños. En demasiados casos los niños se ven en la situación imprevista y probablemente nunca reconocida de educar a sus padres, de devolverles la ilusión por la existencia que se ha convertido en una carga cuando podría ser un milagro. Por eso la importancia de la infancia es crucial. Es crucial que no les robemos el tiempo de jugar a los niños, que no les rajemos la libertad con lo que ha sido nuestra tumba: un sistema de creencias. Un niño libre inaugura y bautiza el mundo que pisa y donde sus pies se posan se torna la tierra un poco más elástica, ingrávida y recién descubierta. Qué no harán los niños con el arte, si con los sentimientos hacen valiosa cerámica de amor y fidelidad.Esta mañana visitó el museo una familia hermosa, una madre joven con sus dos hijos. La niña de unos ocho años mostraba una curiosidad inagotable por nuestro artista porque su colegio lleva su nombre, y ella consideraba con integridad no dicha que eso es motivo suficiente para interesarse por la vida y la obra de Antonio Padrón. Cuando les enseñé la casa donde nació y donde se encuentra su estudio, al anotar el caballete intacto, la Piedad como un lamento inacabado, la niña con la vela (de cuyas trenzas dijo que eran muy bonitas) y los dibujos que dijo «parece que lo hicieron los niños», se paseó alrededor de la silla que da descanso a los hombros de la camisa, y con sus ojos de sacerdotisa impasible, me preguntó: – – ¿y dónde dormía Antonio Padrón?La pregunta, como todas las de los niños, tenía su enjundia. Con toda seguridad hacía referencia a las muchas horas que debió haber pasado sin dormir el pintor para crear tanta obra. Esto me hizo pensar en ese mismo momento en que ninguno de los críticos de arte, ninguno de los ensayistas que cree vivir en la eternidad del estudio, ninguno de los supuestos desvelados, ha sido capaz de preguntarse por las horas de sueño de un pintor, por ese cristal oscuro de una vida cuando no se está creando, cuando no se hace nada útil sino que se sobrevive dando la vida a los momentos muertos de la historia. Los niños son los que tienen que gobernar este mundo.

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