Diario de un guía de museo que quiere ser visitante.

Día 5

Hablar del museo es inevitablemente hablar de mi memoria de Galdar, que para mí es un conglomerado de sentires inseparables del que al final se conforma siempre la identidad. La identidad no está hecha de afirmaciones y negaciones sino de dudas, de largos periodos de incertidumbre y de grandes revoluciones espirituales. Decía esto porque mi memoria de Gáldar es de primera persona de cine o de buena novela de formación juvenil. Realmente pocas cosas me han pasado que no sean materia prima poética. Mi padre es de la Atalaya de Guía, y ahí en lo alto del pico vive mi abuela. En una casa que los domingos por la tarde está sobre las nubes y el sol y se llena de gaviotas. Esa memoria me honra. Pero aquí, al otro lado de la montaña tengo grandes recuerdos de niño. Desde muy pequeño me traían por esta calle larga mi madre mi tía mi primo y mis abuelos, y aquí nos perdimos muchas veces e hicimos muchas perrerías en tiendas de ropa. Más tarde, con trece o catorce años vivía la fiebre de la literatura como si fuera a morirme leyendo y Gáldar fue responsable. Creo que ahora estoy más moderado… O más cansado. Sea como sea, esas tiendas hoy en día están siendo devoradas y van perdiendo terreno en favor del Progreso y la Globalización. Hablo de la tienda de Pepito. Una tienda a la entrada de la misma calle principal donde el dueño te vendía un caldero, un bote para la sal o un libro viejo. Resultó que en esos libros viejos deposité mi vida. En un rincón de la tienda encontré los mejores momentos de la adolescencia. Descubrí los míticos terrenos de «Campos de Castilla» de don Antonio Machado, incomprensible extensión de tierra para la costumbre de un isleño, la poesía fastuosa de Rubén Darío o la mística de Whitman, que comprendí años más tarde. Pero de entre todos los libros que amontoné de mis viajes a Gáldar, quedé profundamente aterrado por unos cuentos asombrosos de alguien que parecía llamarse Juan Rulfo. En suma, fue mi primer contacto con muchos de los escritores a los que hoy admiro y que sigo leyendo como si fuera la primera vez. Perdonen esta pequeña nostalgia que hoy abandona el museo para volver a él. En la tienda de Pepito hoy hay una tienda de Vodafone. Qué quieren que les diga, no va a quedar rastro de nosotros sobre la tierra.

Una respuesta a «Diario de un guía de museo que quiere ser visitante.»

  1. Bonita reflexión. Yo también descubrí muchos libros increíbles en esa tienda. Una pena, porque también él era un apasionado de la literatura… pero el pueblo no tanto y no daba para vivir.

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